Diagnósticos enfrentados
El diagnóstico fue muerte por escorbuto, que se produce por la falta de vitamina C por no consumir alimentos frescos en estos viajes.
Se enterró en el Franklin Memorial de Greenwich y ahora se ha vuelto a analizar, lo han desenterrado, y Mays lo ha analizado. Ha concluido que no pertenece al teniente, sino al médico y científico de la expedición, Harry Goodsir. Y el diagnóstico tampoco concuerda con el escorbuto.
Mays dice que algo raro debió pasar. Algo que les desconcertó y a lo que no sabían cómo enfrentarse y por eso huyeron.
El hecho de que el cadáver estuviera enterrado con mimo, en una tumba, indica que el resto de la tripulación aún estaba en forma, es decir, no tenían hambre y/o su enfermedad aún no era grave.
Además, las marcas que se hallaron en los huesos pertenecen a mordiscos de zorro ártico y no de cuchillo, como se ha especulado alguna vez, haciendo intuir que se lo querían comer.