1852 Edward August Inglefield. Primer viaje al Ártico
Inglefield, frustrado por las pocas posibilidades de ascenso, ofreció sus servicios a Lady Franklin para proseguir la búsqueda. Su expedición se diferenciaba de otras que Lady Franklin también sufragó, en que Inglefield mismo seleccionó a los participantes. Al mando del yate de Lady Franklin, el Isabel, un pequeño velero de 149 toneladas que contaba con un motor auxiliar de vapor, partió dejando Gran Bretaña el 10 de julio de 1852. Siete años después de que Franklin hubiese partido, tenía la intención de realizar la búsqueda en las aguas del Jones Sound. Una vez llegado al Ártico, Inglefield comenzó por la costa occidental de Groenlandia; luego por la costa oriental de isla de Ellesmere (que fue de nuevo reconocida y nombrada en honor del presidente de la Royal Geographical Society), adentrándose en dirección norte en las aguas del Smith Sound y penetrando hasta los 78.º28’21"N, más allá de cualquier otro registro conocido.
Inglefield estaba decidido a ir a tierra con el fin de erigir un mojón con el anuncio de «que la bandera británica ha sido la primera en este mar desconocido» y creía estar navegando en aguas del tan buscado mar polar abierto. El empeoramiento del tiempo le impidió acercarse a tierra, y siguiendo una estrecha vía de escape entre el hielo, se dirigió hacia el sur. Siguió la búsqueda en el Jones Sound, donde se internó hasta que el hielo le impidió progresar, hasta los 84.º1O"O, casi frente a cabo Sur. Retrocedió hasta la bahía de Baffin e hizo un último intento en aguas del Lancaster Sound, acercándose a isla Beechey, donde Franklin había establecido su primer campamento de invierno. Allí encontró al HMS North Star, la nave de abastecimiento de la gran expedición de sir Edward Belcher que había zarpado ese mismo año con cinco barcos. Inglefield le ofreció al capitán Pullen todos sus excedentes y provisiones, pero la oferta fue rechazada porque tenía prohibido por su comandante en jefe cualquier relación con un barco privado. A pesar de ello, Inglefield hizo varios presentes a los oficiales de rancho, entre ellos conservas de carne de buey, y tras un intercambio de cartas y ante la llegada del invierno, emprendió el regreso, reconociendo y cartografiando gran parte de la costa oriental de la isla de Baffin y arribando nuevamente a Inglaterra el 4 de noviembre de 1852 sin ninguna complicación.