El primer viaje en busca del Paso del Noroeste (1576)
Ya en 1560 o 1561, Frobisher había tomado la determinación de emprender un viaje en busca del Paso del Noroeste, una nueva ruta comercial a la India y China (conocida en ese momento como Catay). Le llevó quince años obtener la financiación necesaria para su proyecto y hasta 1576 Frobisher no logró convencer a la Muscovy Company, un consorcio de comerciantes ingleses que anteriormente había enviado varias expediciones a buscar el pasaje del Noroeste, para que financiase su expedición. Con la ayuda de Michael Lok, el director de la compañía, Frobisher fue capaz de reunir el capital suficiente para tres barcos: el Gabriel, construido expresamente para esta misión y capitaneado por Christopher Hall; el Michael, adquirido para ese viaje, y capitaneado por Owen Griffyn (ambos aproximadamente de unas 20-25 toneladas cada uno); y una pequeña pinaza de diez toneladas. El total de las tripulaciones estaba formada por unos 35 hombres. El cartógrafo John Dee pasó la primavera en los barcos instruyendo a los oficiales sobre como manejar los nuevos instrumentos que les permitirían orientarse con ayudad de la cosmografía y las matemáticas.
Frobisher, almirante y piloto de la flota, levó anclas en Blackwall, Londres, zarpó el 7 de junio de 1576, por la ruta de la islas Shetland. El 1 de julio lograron avistar la costa oriental de Groenlandia. En una violenta tormenta, la pinaza con sus cuatro hombres se hundió y el Michael se perdió. Quedó tan dañado por el hielo que debió de regresar a Inglaterra, donde dio la noticia de que los otros miembros de la expedición habían naufragado. Sin embargo, el Gabriel logró bordear Groenlandia y emprendió rumbo oeste, «sabiendo que el mar por mucha longitud al final debe de acabar, y que la tierra debe comenzar a existir». Lograron avistar tierra el 28 de julio, casi con seguridad la costa de la isla Resolución. Al norte descubrió un gran estrecho, que el pensó dividía América, al sur, de Asia, al norte, y al que dio nombre, siguiendo el ejemplo de Magallanes, como estrecho de Frobisher (en realidad, las aguas de una bahía de la isla de Baffin).
Unos días más tarde, alcanzó la boca de bahía Frobisher y el hielo y el viento le impidieron seguir viaje en dirección norte. Frobisher decidió navegar hacia el oeste por el paso (que él pensó era un estrecho) para ver «si podría llevarle a su través a algún mar abierto en el otro lado». Alcanzaron la costa del fondo de la bahía el 18 de agosto y a finales de agosto los miembros de la expedición encontraron algunos nativos inuits, deseosos de intercambiar carne y pieles por vestimentas y baratijas. Acordaron con uno de ellos, mediante señas, que les guiaría a través de la región hacia el mar del Oeste, y Frobisher envió a cinco de sus hombres en un bote de regreso a tierra con ese guía, advirtiéndoles que no perdieran de vista el barco y evitasen acercarse a los demás nativos. Sus hombres debieron de desobedecer y desaparecieron de su vista y al parecer fueron tomados cautivos por los inuits. Tras tres días de espera, Frobisher recorrió las costas cercanas en su búsqueda pero no pudo encontrarlos. Alarmado, decidió emprender el regreso y, cuando abandonaba las aguas de la bahía, tomó como rehén a un inuit que se acercó en su kayak para comerciar, para ver si podía realizar un intercambio por los desaparecidos. El esfuerzo fue infructuoso y sus hombres nunca fueron vistos de nuevo, pero alguna leyenda inuit hablan de unos hombres blancos que vivieron entre ellos durante unos años hasta que murieron tratando de abandonar la isla Baffin en un barco que ellos mismos habrían construido. Frobisher retornó a casa, con su rehén, y llegó a Londres el 9 de octubre. Fue recibido con gran alegría y sorpresa, ya que se les daba por desaparecidos. Además, el esquimal y su extraña canoa causaron sensación, aunque pronto falleció a causa de un resfriado. Frobisher había prometido entregar a Michael Lok la primera cosa que encontrase de interés, y había llevado una «pieza de una piedra negra». Se hicieron ensayos con ella, aunque sólo uno de los cuatro expertos consultados, un italiano llamado Agnello, creía que del mineral podría extraerse oro: los demás pensaban que se trataba de marquesita. Sin embargo, los partidarios de Frobisher, dirigidos por Michael Lok y la Muscovy Company, utilizaron esa evaluación para presionar en favor de la inversión para realizar otro viaje.