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CATAROS

ROQUEFIXADE

ROQUEFIXADE

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A medio camino entre la ruta que va de Foix a Lavelanet se puede admirar un acantilado curiosamente despedazado que se destaca contra el firmamento. Un ojo no acostumbrado puede tener dificultad en discernir contra el acantilado los vestigios del castillo de Roquefixade. Esta plaza fuerte controlaba la ruta que, viniendo de Foix, penetraba por el oeste en la región de Olmes.


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El camino de acceso contornea primero el acantilado y luego lo atraviesa para serpentear a lo largo de un prado con mucha pendiente. A la derecha el acantilado muy escarpado esta atravesado de un espacio abierto sobre el cual los constructores crearon una bóveda que sirve de apoyo a uno de los muros de la fortificación del castillo. Esta roca con una fisura se le llama -roca fisada-, y de ahí el nombre de Roquefixade. El camino conduce a una gran plaza que debía ser el patio del castillo. Este se elevaba sobre el punto mas alto del peñasco. Se entraba por una puerta en forma de torre con una porra del cual quedan algunos vestigios. El conjunto esta muy abandonado. Se adivina sin embargo en la cima el emplazamiento del torreón cerca de las fortificaciones que dan apoyo a la bóveda que pasa por encima de la fisura de la roca. Formando parte del sistema de defensa de la región de Olmes, Roquefixade dependía de los condes de Tolosa, que habían cedido sus derechos sobre el a los condes de Foix. Estos derechos fueron reclamados por los condes de Tolosa durante un conflicto con los caballeros de Foix, en febrero de 1243.


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Después de la cruzada contra los Albigenses, Roquefixade se convertirá en una fortaleza del rey de Francia, con una guarnición de 12 sargentos, un portero, un capellán y un vigía. El 28 de octubre de 1632 Luis XIII que había venido a Tolosa a asistir a la ejecución del duque de Montmorency, ordena la destrucción del castillo de Roquefixade. Desgraciadamente esta orden fue seguida al pie de la letra y no quedan muchos vestigios de la fortaleza.