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CATAROS

LORDAT

LORDAT

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El importante peñasco que domina el río Ariege a la altura de Tarascón tiene casi 400 metros de alto y es sin duda un punto de valor estratégico. El castillo de Lordat, construido en su vértice, vigila el valle y controla la ruta que de Foix conduce a Cataluña pasando por Puymaurens y el país de Sault pasando por el puerto de Pailheres. Se considera que este sitio ha sido ocupado desde tiempos muy remotos pero la primera mención escrita data del siglo X, cuando Roger le Vieux, conde de Carcasona, concede unos alodios a un denominado sancho, alodios tales como el de Vebre o el Lardades. En el curso del siglo XI el castillo de Lordat es reclamado a su vez por los condes de Foix y por el caballero de Cerdaña. A la muerte de Roger le Vieux el castillo es heredado por Roger Bernard, hijo cadete de Roger le Vieux y primer conde de Foix.


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El castillo de Lordat se salvo milagrosamente durante la cruzada contra los Albigenses, a pesar de haber albergado varias veces dirigentes cataros, incluso entre ellos a Guilhabert de Castres, en 1224. El 16 de junio de 1229 Roger Bernard II, conde de Foix, se somete a la iglesia y al rey, ceremonia que tiene lugar en St Jean de Verges y entrega los señoríos de Lordat y de Montgrenier a la corona. Estos dominios le serán restituidos cinco años mas tarde. Lordat fue renovado durante el siglo XIV y tuvo mas bien un papel diplomático que militar. Durante las guerras de religión el rey de Navarra, el futuro Henry IV, ordena desmantelar el castillo. La orden fue anulada a pedido del caballer de Lordat. Se salva también el castillo de la orden de desmantelamiento lanzada por el Cardenal 0richelieu. Lordat es finalmente abandonado y no resiste a la usura del tiempo.


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La forma elíptica de este castillo se amoldaba perfectamente a la cima del peñasco. El recinto ocupa una superficie de casi 100 metros de largo y 50 en su parte mas estrecha. Tres murallas escalonadas sobre el flanco mas accesible se reúnen para formar al norte una muralla que sólo defiende la parte mas escarpada del peñasco. El conjunto constituye un sistema de defensa muy bien pensado en torno al torreón, del cual solo subsiste, desgraciadamente, alguno que otro pedazo de muro.