Viajes por el Mundo

CATAROS

ALBI

ALBI

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Las primeras referencias aparecen en el siglo V. Los visigodos fueron sus primeros habitantes. A lo largo de los quince siglos siguientes Albi ha cobrado merecida fama por dos hechos muy distintos. Como se sabe, los cataros son llamados indistintamente -albigenses-. Albi fue uno de sus primeros centros de difusión en Occitania. Siglos después, tras extinguirse las piras y apaciguarse la región, surgió en esta misma ciudad otro hereje, este de la pintura. Su estilo es tan personal que inútilmente se ha intentado imitar en cientos de ocasiones. En efecto, Henri de Toulouse-Lautrec vino al mundo en esta ciudad. Con el catarismo siempre ha existido una determinación a la hora de fijar un nombre con el que llamar a ese amplio fenómeno herético que se extendió desde los Balcanes al Reino de León.


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Da la sensación de que los obispos cataros tuvieron una excepcional autonomía y que -cuestión debatida y que aun no se ha cerrado- jamás existió un papa cátaro, es decir, una autoridad situada en la cúspide jerárquica de la secta. Los cataros no se conocían así mismos como tales. En la Edad Media, llamar a algún cátaro -hereje o no- significaba insultarlo. Las etimologías que pretenden que la palabra -cátaro- derive del termino griego -katharo-, que indicaría pureza, son fantasiosas.


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El cátaro era aquel que adoraba a un gato (cat). En tanto que secta disidente de la iglesia oficial, los cataros eran considerados gente supersticiosa, y de ahí procedía el nombre, en principio despectivo, con el que han pasado a la historia. La identidad entre el nombre de la herejía y la ciudad de Albi procede del peso que tuvieron inicialmente allí, y su proyección actual deriva de la confusión que produjo en el siglo XIX la -canción de la cruzada contra los albigenses-.


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Ciertamente, Bernardo de Claraval advirtió el arraigo de la herejía cuando fue a predicar a Albi: -Hache el pueblo esta mas contaminado que en cualquier otro lugar por la depravación herética-, había escrito. Paradójicamente, la ciudad de Albi se mantuvo fiel a Simón de Montfort en 1209, cuando toda Occitania se sublevo. Sin embargo, siguieron existiendo cataros en la ciudad como lo demuestra el que hasta los primeros años del siglo XV se celebraran regularmente procesos. Algunos herejes llegaron a esperar hasta trece años a que se celebrara su juicio.