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Reserva de la Biósfera "Los Tuxtlas", Veracruz, México.

Por Noé Castellanos Ramos

Veracruz es un estado con muchas sorpresas que encontrar. Una de ellas se localiza en la Sierra de los Tuxtlas, de origen volcánico y con una altitud máxima de 1600 msnm. Aquí se perciben una de las precipitaciones más altas del país, entre 1700 y 4700 mm anuales. Esto último hace que esta sierra aporte cerca de la tercera parte del agua a ciudades como Coatzacoalcos, Minatitlán, Acayucan, San Andrés Tuxtla y Catemaco.

Además biológicamente la zona de los Tuxtlas es un lugar con una diversidad altísima en cuanto a flora y fauna, debido a que se encuentra en el límite entra dos zonas biogeográficas importantes: La Neártica y la Neotropical. Esto hace que encontremos elementos característicos de estas dos zonas lo que podemos entender como una zona de transición biológica. Además el ecosistema clásico en esta zona es considerado como del tipo selvático amazónico, es decir, la jungla característica del Amazona, pero ubicada en la parte más norteña del continente.

No obstante de esta gran importancia, la zona ha sido devastada por la introducción de ganado, uso agrícola descontrolado, deforestación alta y consecuente erosión del suelo. Hasta el año de 1986 se había perdido el 86 % de la selva y si esta tasa continua en poco tiempo quedará menos del 10 %.

Los esfuerzos han sido bastante intensos. Instituciones de investigación y organizaciones no gubernamentales han intentado detener esta devastación. Así en el año de 1998 se decretó al fin a esta zona como Reserva de la Biósfera, la cuál es una categoría que pretende.

Hoy, como búsqueda de oportunidades alternas, amigables con el ambiente se ha creado un proyecto entre cuatro comunidades cercanas a la zona núcleo que a través del Ecoturismo pretenden formar una base sólida hacia el bienestar del binomio Hombre- naturaleza. Estas se han nombrado "Red de Ecoturismo Comunitario" pues como lo dice su nombre, es un sistema de comunidades que por medio de visitas guiadas buscan mejorar su calidad vida al mismo tiempo que promueven una actitud de conservación entre sus visitantes.

Las Margaritas, Sontecomapan, Miguel Hidalgo (Lago Apompal) y López Mateos (Selva el Marinero) son las cuatro comunidades que pertenecen a la red. Cada una con su propio atractivo y belleza particular, nos deslumbra en cada visita y nos hace pensar en ese sueño de vivir siempre en armonía.

Algunos de los atractivos que muestra la red son: viajes en lancha de remos en el lago de Catemaco en busca de petroglifos. Caminatas en la selva a través de senderos interpretativos donde se sumerge al visitante en un mundo aún conservado lleno de vida. Al mismo tiempo se le habla sobre algunos de los muchos usos que se dan a las plantas, que van desde medicina hasta maderables o de consumo en platillos exóticos. Esto sin contar la calidez de la gente de la selva que ofrece albergue al visitante en sus casas. Además en la red podemos apreciar varias bellezas naturales como una gran cascada de unos 60 metros de altura, una cueva llena de murciélagos en la que podremos ver la salida de estos seres en el crepúsculo, ríos y pozas de agua cristalina que invitan siempre a nadar y refrescarse en su interior olvidando los problemas, la edad y a vivir algo único.

Actualmente la Red de Ecoturismo Comunitario de los Tuxtlas ofrece varias opciones de recorridos que pueden durar desde uno a seis días conociendo sus comunidades. Lo común  es permanecer en la red por espacio de cuatro días y tres noches para poder conocer y disfrutar de la selva en su máxima expresión. Opcionalmente, se organizan recorridos especiales para observar solamente aves o grupos de monos, campamentos en la selva desde lo alto de un mirador donde es posible ver un amanecer increíble.

En el futuro, la red pondrá a disposición de los más aventurados, un recorrido de seis días a través de la selva, una experiencia única; y la opción de recorrer parte de la reserva en bicicleta atravesando zonas alteradas con otras conservadas para hacer una apreciación visual.

Así pues, aprovechemos esta riqueza que hoy se nos muestra todavía bella y vivamos parte de un proceso que sabemos, mejora la calidad de vida de la gente y conserva el ambiente.

Si desea más información sobre este lugar escriba al Biól. Noé Castellanos Ramos a info@yacatecutli.org, viajes.e@gmail.com  0445553764670; o al señor Hugo Avilés Alejandre a marin_ero@hotmail.com o a los teléfonos 57440880 y 57447106.

Crónica, Red de Ecoturismo Comunitario de los Tuxtlas, Veracruz, México

Por Noé Castellanos Ramos

La primer vez que conocí Veracruz fue cuando tenía catorce años. El poblado era Tlapacoyan. Ahora me encaminaba hacia la Reserva de la Biósfera "Los Tuxtlas".

Muy temprano me quedé de ver con mi compañera de viaje, Paty, quien sería el chofer resignado para ir a la aventura en esta ocasión. Antes de que saliera el sol ya estábamos reunidos en el sur de la ciudad y partimos poco antes del amanecer. El viaje lo realizamos sin contratiempos, tomamos la autopista desde el rumbo a Chalco y hasta poco después de Alvarado, Ver. Allí, nos desviamos hacia paso del Toro. En este punto es importante señalar que existe un cruce de vías de ferrocarril y hay que seguirse de frente para salir a la costa del Golfo de México donde a partir de ahí habría que seguir la carretera federal que se dirige a Santiago Tuxtla. A partir de ahí el paisaje en un abrir y cerrar de ojos cambia y la exuberante vegetación comienza a ser el elemento de atracción.

Desgraciadamente el paisaje para uno que está acostumbrado a reconocer tipos de vegetación no es grato pues ya es evidente el grado de deforestación que se ha hecho en tan bella zona. Al llegar a Catemaco nos reunimos con nuestro primer anfitrión: Valentín, amable lugareño que se encarga de recoger a los visitantes para llevarlos a las comunidades. Rápidamente hicimos amistad y entre charlas y una buena comida en Catemaco acompañado claro, de una buena caminadita por el malecón nos contó las actividades a realizar en los próximos cinco días.

Cerca de las 18 hrs partimos a bordo de la camioneta de la Red de Ecoturismo Comunitario con Valentín y otros visitantes que allí se reunieron. La primer comunidad fue "Las Margaritas".

Las Margaritas

Al llegar, los anfitriones de la red nos recibieron cordialmente y con gran amabilidad nos ayudaron a acomodar nuestras cosas y luego se presentaron. Como estábamos algo ansiosos de saber que seguiría nos indicaron que era hora de cenar y luego de tener una pequeña fogata donde nos platicarían de su proyecto. Así fue, luego de una rica cena, en torno a una fogata en el traspatio de la casa de unos de los integrantes de la red, los miembros de las Margaritas nos platicaron como por medio de su proyecto Ecoturístico pretenden dar una nueva oportunidad a su tierra, sin contaminar, sin talar, solo llevando gente a descubrir lo que ellos siempre han conocido. La plática duró cerca de dos horas, mismas que hicieron efecto en nosotros y dando gracias nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, y luego de desayunar, nos embarcamos en unos botes de remo en el lago de Catemaco para poder disfrutar de un paseo que nos llevó a conocer una parte de este lago que no está dentro de los recorridos de las grandes lanchas turísticas de Catemaco. Una gran cantidad de aves era el premio en cada remada, desde cormoranes, patos y garzas, hasta las majestuosas águilas caracoleras y pequeños gavilanes que volaban muy cerca de la orilla.  Al regresar, cerca de cuatro horas después, nos quedamos un rato en el lago nadando y disfrutando del sol hasta que llegó la hora de ir a comer.

Por la tarde cayó un aguacero que parecía no tendría fin.

Tras haber reposado la comida, partimos hacia el recorrido de un sendero en donde se nos habló de muchas plantas cultivadas y sus usos alternos como jabón natural o repelente de mosquitos. Muy interesante en verdad. El recorrido finaliza en lo que parecer ser una zona arqueológica no excavada ni estudiada aún por personal del INAH, y aún así es posible distinguir estructuras entre los pastizales que existen allí, incluso algo que parecer ser un juego de pelota. Interesante.

El tiempo apremiaba y había que partir de allí para dirigirnos a nuestro siguiente destino: Miguel Hidalgo. La despedida fue emotiva y comprendí que la gente en verdad es hospitalaria.

Miguel Hidalgo

Llegamos a Miguel Hidalgo cerca de dos horas y media después de recorrer los caminos de terracería aún con luz de sol. De la misma manera, esa cordialidad nos recibió en la comunidad y luego del protocolo de bienvenida, acomodo de cosas y hospedaje, conocimos el vivero.

El vivero es un esfuerzo de las mujeres de la comunidad materializado en un pequeño espacio donde se contiene una gran variedad de plantas de ornato, autóctonas e introducidas que tienen colores y olores diversos. Además se pueden adquirir plantas de ese vivero con la garantía de saber que son totalmente cultivadas y a su vez, ayudan a la subsistencia de este sitio.

Como se me empezaba a hacer costumbre, fuimos a cenar unos chayotes con crema que estaban tan bien preparados que pedí doble ronda. Para terminar el día, tuvimos una plática con los cooperativistas de la red de M. Hidalgo y unos de ellos nos deleitó con una ronda de canciones en acústico.

Al día siguiente partimos hacia un nuevo recorrido del cual no me olvidaré. Enclavado entre la comunidad, sin siquiera imaginarlo, se localiza un río que baja de la montaña y que nace en la zona núcleo de la reserva, que tiene una caída espectacular de cerca de 60 metros. Un paisaje inolvidable. Me quedé anonadado cerca de diez minutos, ensordecido por el ruido del agua golpeando las rocas, mirando algo que sé es para apreciar y llevar consigo toda la vida. Finalmente, descendí junto con Don Guadalupe, guía de la comunidad y Paty. Allí nos dimos una divertida magna.

Descansamos en la comunidad parte de la tarde pues casi al anochecer partiríamos hacia lo que conocen como el lago "Apompal", un pequeño lago volcánico en el cual se acampa y se da un pequeño recorrido por un sendero donde nuevamente, nos sumergimos en la selva. Luego, la platica obligada de cada campamento con esa gente tan maravillosa que comparte sus vivencias y a dormir.

Al día siguiente, al regresar a la comunidad, preparamos nuestras cosas para partir  nuestro tercer destino: López Mateos.

López Mateos

Mientras recorríamos el camino, veía a lo lejos el gran contraste entre las zonas deforestadas y las conservadas. Y ahora que lo pienso, es un gran esfuerzo el de la red, tratar de frenar esa devastación al menos en sus tierras.

Llegamos a López cuando una pequeña llovizna caía sobre la comunidad y la zona. A la distancia se observaba un cerro que lleva el nombre del "Marinero" y más allá se observa parte de la Sierra Santa Marta y una de las zonas núcleo de la reserva. Un paisaje particular.

Al cumplir con el protocolo que parece haber adoptado la red, iniciamos los recorridos. Caminamos por el borde de un precipicio del cual se puede ver toda la zona y un ¡árbol de más de cincuenta metros!. Bajamos por esa barranca hasta llegar a un río llamado Coxcoapan, e cual baja de la zona núcleo y tiene una claridad tal que es posible ver los tonos de los cantos rodados del fondo. Se nos permitió nadar y sin pensarlo ya estábamos zambulliendo el cuerpo en una poza increíble. Entonces se soltó un aguacero increíble, pero el agua era tibia y la sensación era similar a la de estar en la ducha y en una alberca al mismo tiempo. Ese es el mejor recuerdo de todos.

Después de nadar hasta dejar la piel como "viejito", conocimos la cueva de los murciélagos y se nos habló de la importancia que tienen estos animales en la regeneración de selvas.

Regresamos a la comunidad para cenar y descansar en unas cabañas que han acondicionado para ese fin. Que rico

Al día siguiente nos levantamos temprano para salir a dar un recorrido en busca de aves. No hace falta tener experiencia en avistamientos pues las aves mismas salen por doquier a esa hora de la mañana, ¡hasta vimos Tucanes a solo unos metros!.

Al regresar y sin perder ritmo, iniciamos el recorrido en un sendero interpretativo donde se nos explicó, entre muchas cosas, características ecológicas e importancia de las selvas. Este recorrido termina en una cascada de una belleza extraña pues parece ser una escalera pero solo se puede ver por que subir estaría muy riesgoso e imposible.

Nuestra estancia en López fue corta al compararla con las demás comunidades pero no por eso menos buena. Sin embargo había que partir hacia nuestro destino final: Sontecomapan.

Sontecomapan.

Sontecomapan es la comunidad más grande de todas, con más de dos mil habitantes, y por ello la sensación es diferente, nuevamente ver mucha gente es un golpe duro cuando se ha estado casi como en familia en la selva. Sin embargo, al llegar, la calidez de la gente no cede y una vez más nos integramos a esa deliciosa rutina, comimos y partimos a recorrer la laguna de Sontecomapan.

El recorrido se hace en lancha por los manglares de la laguna hasta algunos ríos que desembocan en ella. Y culmina con la visita de la bocabarra de la misma, donde se puede nadar en el mar.

De regreso, existe un manantial llamado "El pozo" donde se puede dar una última nadada para quitarse la sal del cuerpo.

Esa noche, cayó una tormenta fuerte que por la continuidad de los rayos me hacía pensar en el momento que uno me partiera la cabeza. No salí al baño hasta el amanecer.

Nuestro último día lo aprovechamos todavía dando un pequeño recorrido en lancha de remos entre un manglar exclusivo de la red donde aún se pueden escuchar los animales autóctonos, incluso vimos un águila a tres metros de distancia. Y al regresar, prácticamente recogimos nuestras mochilas para regresar a Catemaco y desempolvar el vehículo para regresar a Distrito Federal.

Si desea más información sobre este lugar escriba al Biól. Noé Castellanos Ramos a bioviajes@yahoo.es, casram@avantel.net  0445553764670; o al señor Hugo Avilés Alejandre a marin_ero@hotmail.com o a los teléfonos 57440880 y 57447106.

 
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