Dicen que la Argentina es un país de contrastes.
¿Cómo no serlo si ocupa un buen trozo
de medio continente? Pero todos sabemos que, para encontrar
contrastes no es necesario viajar miles de kilómetros;
cualquier lugar, por pequeño que sea, está
hecho de ellos (para verlos, para encontrarlos, sólo
hay que tener la mirada entrenada)
Bariloche también guarda su universo de contrastes.
Están los lagos (frecuentemente cubiertos de
nieblas) surcados por catamaranes repletos de turistas,
están sus montañas alpinas (valles glaciares,
agujas desafiantes, granito en la mirada) y están
también los bosques rotundos y, más
hacia el oeste, la acumulación de bosque formando
selva (es la selva valdiviana)
Pero si uno quiere irse en busca de más contrastes,
puede partir hacia el este en la dirección
por donde se abre la Patagonia esteparia. Ni rastro
de los Alpes, fin a las reminiscencias centroeuropeas;
ya no se ven selvas, ni bosques; terminaron los lagos
y su enjambre de catamaranes. Entramos en el reino
de los espacios inmensos...