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A) LA PRIMERA OLEADA (1818)

 


Éstas eran las perspectivas que obsesionaban a John Barrow, secretario del Almirantazgo, hombre muy, aficionado a los viajes, autor de una Historia de las exploraciones polares y más tarde fundador de la Real Sociedad Geográfica. Barrow consiguió interesar al Parlamento inglés, el cual votó un premio de 5.ooo libras esterlinas para el primer marino que franquease el 110º oeste, partiendo del norte de América, y otro de 2.500 libras para el que, siguiendo la ruta hacia el norte, rebasase el 890 de latitud norte. Se trataba, pues, por una parte, de unir los trazados relativamente conocidos del mar de Baffin y de la bahía de Hudson a los jalones plantados por Hearne (1770) y Mackenzie (1789) en la costa noroeste del Canadá y, por otra parte, de llegar práctica mente al Polo.

El incentivo del premio suscitó el espíritu de competencía, y muy pronto comenzaron a prepararse expediciones; por otra parte, las condiciones del banco de hielo parecían mejorar: 1817 se había señalado por un deshielo excepcional de icebergs, y era notorio que balleneros y pesqueros de focas se habían visto arrastrados en diversas ocasiones en la gran extensión de témpanos flotantes hasta 830 ó 840 norte más allá del Spitzberg.


Un ballenero británico, William Scoresby junior, que trataba la costa oriental de Groenlandia como una especie de coto de caza, fue el pionero de la exploración ártica. Realizó un verdadero exterminio de ballenas, con lo que se hizo rico, pero sus viajes anuales procedían de un espíritu científico real y permitieron muchas exploraciones.

A la edad de diecisiete años, en 1806, mandaba el barco Resolution en las aguas árticas, y alcanzaba el 81º 30' N. En julio de 1810 efectuó las primeras medidas conocidas de temperaturas marinas, en 76º 16' N. y g 90º E., hallando + 1º a 420 m. de profundidad, en tanto que en la superficie observaba - 2º. En 1816 señaló la corriente norte-sur que lleva hacia el mar de Baffin los hielos flotantes de la hoya polar, y comprobó que lanzándose sobre el pack, disperso en los alrededores de Jan-Mayen, era posible llegar a la costa groenlandesa entre los 72 y 74° N. Descubrió así el Scoresby-Sund, dilatado fiordo profundamente ramificado, que se abre hacia los 70º N., la tierra de Jameson (71 a 72º N.) y la isla de Traill, más al norte.

En 1882, año de su postrer viaje, llegó a 70º 20' por 20º O., ante el promontorio de Wollaston. Clavering (1823) Clavering, a bordo del Gyipey, en julio de 1823, reconoció la isla que lleva su nombre (74º N.), y Sabine efectuó observaciones gravimétricas en las islas del Péndulo (74º 30' N.). Graah (1821-1829) En la misma época el danés Graah estudió la costa este a partir del cabo Farewell hasta la isla Danebrog (19º 19').


Dibujó un mapa, hizo el inventario de los recursos del país y realizó muchos descubrimientos arqueológicos correspondientes a la época de los vikingos (siglos xi a xv) y a las antiguas poblaciones esquimales. En 1833, el oficial de la marina francesa Jules Poret de Blosseville, que había tomado parte en las expediciones de la Coquille, reconoció con la Lilloise un sector de la costa este, situado hacia 68° N. aproximadamente. Mas pereció con su barco en un segundo intento, y La Recherche, enviada en su auxilio en 1834, no encontró vestigio alguno de la expedición.

No obstante, la Royat Navy se entregaba con ahínco a la solución de los dos problemas principales. Buchan y Franklin, que mandaban respectivamente la Doyothea y el Trent, se lanzaron hacia el norte en 1818 después de una escala en Sptizberg, e intentaron pasar a través del banco de hielo, a la vela o haciéndose arrastrar por equipos de sirgadores que caminaban sobre el hielo; pero el banco derivaba hacia el sur. Buchan rodeó el Spitzberg y luego cingló hacia Groenlandia, escapando apuradamente a la catástrofe entre los icebergs; la Dorothea tenía una vía de agua. Franklin, comandante del Trent, quiso continuar con su navío intacto, pero Buchan se opuso prudentemente.

 


La Dorothea de Buchan, arrastrada en medio de los icebergs, el 30 de julio de 1818,
entre Sptizberg y Groenlandia. (Grabado de F. W. Beechy )
(Museo Marítimo Nacional de Greenwich)

 


Los navíos Alexandev (252 toneladas, 37 hombres) e Isabella (385 toneladas, 57 hombres), mandados por W. E. Parry y John Ross, respectivamente.

 

John Ross, con el barco Isabelle (385 ton., 57 hombres de tripulación), y el Alexander (comandante W. E. Parry, 252 ton., 37 hombres), penetró en el mar de Baffin procediendo al reconocimiento completo de sus costas (1818).

Ross, que más de una vez hubo de hacer sirgar el barco a brazo, delimitó la bahía de Melville, desconocida del Almirantazgo, tomó contacto con los esquimales, a los que había visto huir a toda velocidad por la costa en trineos de perros. Los indígenas, a los que sorprendiera el aspecto de los barcos, recibieron regalos e hicieron saber que más al norte, de donde ellos llegaban, el mar se extendía muy lejos.


Pero Ross, intimidado por las perspectivas rocosas del canal de Smith, no se aventuró en él; dio media vuelta a 76º 46' y penetró en el estrecho de Lancaster, unos 30 km. Avanzaba la estación; Ross creyó encontrar la ruta cerrada por una cadena de montañas, los montes Croker, sin duda una fila de icebergs, o tal vez un espejismo. Regresó sin permitir que Parry, su segundo, avanzase más allá.

Reunidos los geógrafos, se mostraron severos con John Ross; se habló de cobardía, de necedad, de incompetencia. Sin embargo, Ross había efectuado un trabajo útil, elaborando las instrucciones náuticas para el mar de Baffin y recogiendo información de todos los campos científicos; gracias a él se aclaró el misterio de la nieve roja, producida por la pululación de un alga microscópica, Pyotococeus nivalis.

 

Londres decidió lanzar nuevas expediciones coordinadas, que tuviesen por objetivo principal reconocer el paso del Noroeste.

La primera de tales expediciones se organizó por tierra y se confió al teniente John Franklin, que, una vez de regreso, no se recataba de criticar a su superior, el capitán Buchan; la segunda, por vía marítima, se asignó a Parry, el cual hablaba con conmiseración de su antiguo comandante, John Ross. Lord Melville, primer lord del Almirantazgo, cogió la palabra a los dos jóvenes oficiales:

-¿Pretendéis hacerlo mejor? Pues bien, ¡id!

 
     
 
Documentación extraida del Tomo IV de la "Historia Universal de las Exploraciones" de la Editorial
ESPASA CALPE
 
     

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