Magallanes

Biografía de los grandes exploradores de la historia

Antoine d'Abbadie (1.810-1.897)

Hombre polifacético por naturaleza, Antoine d'Abbadie acumuló aparte de su condición de viajero una impresionante cantidad de actividades en ámbitos muy diversos del conocimiento humano: astrónomo, inventor, numismático, poliglota, geógrafo, adivino, físico, misionero, arquitecto, aventurero, antropólogo, académico, historiador, filólogo, etc. Nacido en Dublin en el seno de una familia acaudalada, pronto se establecieron todos en Iparralde donde este personaje de naturaleza inquieta comenzó a soñar con futuras exploraciones del continente africano. Su fijación por descubrir las fuentes del gran río Nilo hizo que en 1.838, y acompañado por su hermano Arnaud, viajara desde Alejandría (Egipto) hasta Etiopia, llevando a cabo en varias etapas y a lo largo de diez años numerosos estudios geológicos, topográficos y arqueológicos.

A través de su diario de ruta se puede apreciar las numerosas vicisitudes que tuvieron que enfrentar en unas tierras prácticamente desconocidas para el hombre occidental y pobladas por numerosas culturas y etnias. Disputas con grupos rivales locales, acusaciones de ser espía, enfermedades de los acompañantes de su expedición, incluso un accidente que le dejó prácticamente ciego, fueron solo algunos de los muchos incidentes que le sucedieron en estos viajes. Abaddie, nos dice Sagarzazu, "no fue un viajero que llevara guerrera, ni altas botas, ni gorra colonial, ni intérpretes, ni mercenarios, ni canana, ni balas, ni pistola, ni siquiera, desde su pasado accidente, carabina. Abaddie no se pareció en nada, ni en su aspecto ni en su forma de viajar, a los exploradores que aparecerían en los relatos de aventuras". Era un hombre que andaba descalzo, una especie de sabio errante que hacía camino al andar y aunque nunca encontró las fuentes del Nilo no por ello dejó de tener una vida plena de búsquedas que fueron, a la postre, las que dieron sentido a la maravillosa aventura que fue toda su experiencia.

Fuente: Txema García