Nuestro
primer San Bernardo entró en casa cuando nuestra hija contaba
con dos añitos. Nos habíamos asesorado en el Club
Español del Perro de San Bernardo para su adquisición.
Allí nos aconsejaron que nos dirigiéramos directamente
a un Criadero que se dedicara a esta raza, indicándonos cuáles
nos quedaban más cerca de nuestro domicilio. En aquél
entonces contactamos con Joxean y Puri del Criadero Bazterreko Etxea
a los que siempre estaremos agradecidos. Ellos nos hablaron más
profundamente de la raza, nos animaron a ir a una Monográfica
de San Bernardos, y gracias a ellos, un día de Marzo de 1996
Kujo entró por la puerta de nuestro baserri.

Lo que era un día normal se convirtió poco a poco en un punto de inflexión en nuestras vidas. Habíamos tenido perros de otras razas a los cuales habíamos querido como grandes amigos. Por los cuales habíamos llorado....Pero aquellos ojazos negros que acaban de entrar en nuestras vidas decían algo diferente.
Kujo creció junto a nuestra
hija. Nosotros nos fijábamos mucho en su actitud con ella
pues su tamaño al principio nos asustó. En tan solo
un año nuestro "pequeño peluche" pesaba cerca de 70
kilos. Parecía su hermano mayor, jugaba con ella sin hacerla
ningún daño a pesar de su tamaño. Aún
recuerdo que cuando salíamos al monte, siempre se quedaba
con el más rezagado sin perder de vista al que iba el primero,
era como si no viera con buenos ojos el que fuésemos separados
en nuestras correrías. Kujo era uno más de la familia
que le gustaba tumbarse junto a la chimenea. Y siempre que lo dejabas,
estaba a tu lado, atento a tu mirada.

Pero aquellos ojazos negros se cerraron un día frío y gris. Y nos quedamos vacíos, rotos, sin lágrimas,...., nos quedamos con su ausencia. Su "hermanita" no podía entenderlo, pero nosotros, adultos de piel curtida, no lo podíamos asimilar.
A partir de ese momento, dijimos
que jamás faltaría un San Bernardo en nuestra casa.
Era el pensamiento que hizo nacer a Amasorginetxe. Por nuestra casa
han pasado varios San Bernardos, varios viven con nosotros, pero
siempre habrá en nuestros corazones un sitio para aquella
mirada de amigo que nos regalaba Kujo.

Cuando nos dejó, su veterinaria nos envió unas líneas que recordaremos siempre: Cerca de ese lugar reposan los restos de un ser que poseyó la Belleza sin la Vanidad, la Fuerza sin la Insolencia, el Valor sin la Ferocidad y todas las virtudes del hombre sin sus vicios. |